
A menudo, los proyectos más pequeños son los que exigen una mayor dosis de ingenio. Esta vivienda de tan solo 30 m², acompañada por dos amplias terrazas, nos brindó la oportunidad de demostrar que la amplitud no depende únicamente de los metros cuadrados, sino de cómo se diseñan y se habitan los espacios.
Desde el inicio, la propuesta se articuló alrededor de una idea muy clara: liberar el centro de la vivienda y concentrar las piezas principales en el perímetro. El mobiliario a medida integra almacenamiento, zona de trabajo y funciones cotidianas sin invadir el espacio, permitiendo que la vivienda respire y se perciba mucho más amplia de lo que realmente es.
Existe una expresión catalana que dice “En el pot petit hi ha la bona confitura”. Y precisamente esa filosofía ha guiado todo el proyecto. Cada decisión ha sido tomada para aprovechar al máximo cada centímetro, sin renunciar a la comodidad, la funcionalidad ni la belleza.
La paleta de materiales y colores, de inspiración mediterránea, apuesta por la calma y la luz. Tonos neutros, maderas naturales, textiles ligeros y una decoración serena crean una atmósfera acogedora que potencia la luminosidad y aporta continuidad visual entre interior y exterior.
Ubicada en pleno corazón de la ciudad, rodeada de asfalto y ritmo urbano, esta vivienda encuentra en sus terrazas una prolongación natural del espacio interior. Un refugio tranquilo donde la luz, el orden y la sencillez se convierten en el verdadero lujo cotidiano.
Porque, al final, no se trata de cuántos metros tiene una casa, sino de cómo te hace sentir cuando estás dentro de ella.












